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jueves, 14 de noviembre de 2013

CAP 27 DULCE IRONIA

CAPÍTULO 27


Una vez llevada a cabo la hazaña de Jane, podría proceder a viajar rumbo a donde se encontraba Sharon. Ahora que Jane se hallaba libre de culpas y pesares, sólo quedaba enfocarse al encuentro con su querida amiga, se arregló, buscó su mejor atuendo y prosiguió al encuentro con Roberto ya que habían acordado ir juntos.
Si bien, Roberto era un tipo capaz de sonrojar a cualquier mujer, principalmente a Jane que tenía una debilidad por los chicos, había algo que hacía que a ésta no le cuadrara del todo pese a ser un muchacho atento y respetuoso, solía hacer preguntas muy discrepantes, personales para ser exactos. El viaje transcurría con normal y amena regularidad, entre pláticas y risas, mismas que se vieron interrumpidas por una torpe e inmiscuida impertinencia de Roberto.
- Bien, Jane, todo lo anterior que me has venido conversando me resulta en verdad interesante, ahora, platícame un poco de Sharon.
El timbre de voz de Roberto se notaba aburrido y en cierta forma petulante, ante el cual Jane no se quedó callada.
- ¡Oh! Así que a esto venía tanta plática conmigo ¿No? – Dijo Jane, mientras su mirada atravesaba como un fusil a Roberto.
- No, Jane, querida, eres sin duda una chica muy linda e interesante, la pregunta que hice fue no iba en ese sentido tan despectivo como lo tomas, era sólo por curiosidad. – Respondió Roberto, volviéndose a un tono más delicado y sutil y acompañado de un guiño.
Después de media hora de halagos, cumplidos y explicaciones logró que Jane le creyera, y… de este modo respondiera los planteamientos que él hacía.
De ahí en adelante todo transitaba con singular y aparente normalidad, Jane le platicó de los gustos de Sharon, colores favoritos, así como lo que era de su agrado y desagrado, formas de ganarse su confianza, gustos musicales y en absoluto todo lo concerniente y referente a ella, y no es que Jane gustara de contar las cosas personales de su amiga, sucedía que la astucia de Roberto era suficiente para que Jane se disuadiera y respondiese a los cuestionamientos de éste.
El episodio interrogativo por parte de Roberto concluyó una vez que arribaron al lugar donde se localizaba la susodicha.
Pese a que la ausencia de la una con la otra no había sido considerable, el reencuentro fue muy emotivo, ambas desbordaban felicidad, en la contraparte a los lejos y debajo de una arboleda, Roberto observaba en total seriedad dando revuelos con la mirada a la frondosa copa de un árbol, después de todo no podía atenerse a que se le esperara con un grato y efusivo festejo ya que él se incluyó solo.


Después de unos minutos en los cuales las amigas se habían abrazado, reído y conversado espontáneamente, se dirigieron a Roberto.
- Wooow, creí que vendrías tú solo, pero el hecho de que hayas traído contigo a mi mejor amiga es sorprendente, te lo agradezco demasiado. – Pronunció Sharon dirigiéndose con una gran sonrisa acompañada del fulgor y temple de sus cálidos y coquetos ojos, era de comprender por qué adoraban a ésta chica.
- Es nada, sabía que nada te pondría mejor que realizar tus actividades con tu inseparable contertulia. – Asintió Roberto con modesta sonrisa.
- Sí, nada le caería mejor que pasar su tiempo conmigo, excepto que le dijera las palabras proferidas por Damián quien sé es su gran querer y ella su adoración. - Pensó Jane, y, acompañado de esto se atacó a carcajadas, algo que fue extraño y perturbador para los presentes allí.
Después de tan efusiva reunión y bochornoso espectáculo de Jane, cada quien se instaló en sus respectivas habitaciones, Jane con total tranquilidad y confianza recorría la casa de punta a punta, con respecto a nuestro buen Roberto, no evitaba sentirse como gato con correa, sensación que desaparecería conforme conociera a los familiares de Sharon.
El tiempo volaba y había transcurrido ya cinco días desde la llegada de los dos, cinco días llenos de fiestas, diversión, ir a centros comerciales o simplemente ir por una café dado que el gélido clima propicio de un mes como noviembre azotaban con todo su furor, sí, todo transcurría a la perfección, salvo que Jane era carcomida por las ganas y a su vez incertidumbre de decirle a Sharon todo lo que Damián sentía, pero el temor de echar todo abajo la contuvo.
Por otra parte, Roberto aprovechó para conocer más a Sharon. Mientras él adelantaba puntos para con ella, en otro lugar remoto yacía un Damián triste, algo desolado e impotente de saber que mientras esperaba alguien más podría estar teniendo los detalles y demostraciones de cariño que él por su cobardía nunca tuvo valor de demostrar.
Pasado un tiempo y poniéndose de pie con voz fuerte Damián se dijo a sí mismo.
- Mi mente sin duda alguna es la más traicionera y peor consejera en este instante, mas no pienso quedarme cabizbajo y de brazos cruzados, estoy seguro más que nunca de lo que siento por Sharon, iré a buscarla y me prometo a mí misma pero sobre todo a ella compensar todo lo que he hecho anteriormente para alejarla.
Decidido, con una pequeña maleta y un gajo de hojas, partió Damián entre la confusión e inquietud de la reacción de su amada, así como pensar que quedaría como un loco obsesivo ante su llegada.

Pasados quince minutos de profunda y meticulosa reflexión el tumulto de pensamientos se encontraba ahora esclarecido e impulsado por una sola sensación, esa misma y perfecta sensación  que invade a las personas cada vez que recuerdan a quien tanto se anhela, y es que sin esta bella sensación no habría motivo o inspiración alguna para vivir, contar o fabricar tantas historias, inclusive las jamás contadas.

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