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martes, 6 de agosto de 2013

CAP 25 Dulce Ironia


Y, en efecto, así fue. Sharon después de una larga insistencia por parte de Roberto, decidió que la podía alcanzar, después de todo sabía que le resultaría grata su compañía.
Obviamente pese al porte de Roberto y la confianza que tenía como viejo corredor de pistas, en cuanto a mujeres se refería, se hallaba apenado tan sólo de pensar qué actitud tomar al llegar donde se encontraba Sharon, prácticamente era un desconocido para la familia de ésta. –Ya sé. –Exclamó repentinamente.
Se le ocurrió que sería diferente si llegaba acompañado de alguien, y ¡Quién mejor que Jane!, la mejor amiga de Sharon.
–Jane, ¿Qué te parece darle una sorpresa a tu amiga? –Jane se extrañó de ver la forma en que la abordó y sobretodo con qué ímpetu le hablaba. Si bien habían tenido la oportunidad de medio conocerse, no creía que existiese tanta confianza.
– ¡Hola! Muy bien ¿Y tú? –Contestó en tono sarcástico, a lo cual Roberto se mostró avergonzado por su actitud.
– ¡Perdón!, lamento lo descortés, creo que debí saludar primero, en verdad lo siento. –Aseveró Roberto sintiéndose un perfecto patán.
–No hay de qué disculparse, sólo bromeaba, hombre. –Jane sonrió coquetamente. –Ahora dime, ¿A qué sorpresa te refieres, Roberto?
–Bien, dado que Sharon no está aquí, sino que está con su familia, y cabe mencionar que creo entender las razones para alejarse un tiempo, pienso que el hecho de ir a visitarla, llevarla a divertirse, a distraerse y cosas por el estilo le caerían de maravilla, ¿Qué dices? –Guiñó el ojo con cara entusiasta.
Jane claramente era una chica con singular debilidad por los chicos, pero, esto no le impedía especular sobre las verdaderas razones e intenciones de Roberto. Sabía que en cierta forma podría haber química entre éste y Sharon aun teniendo en cuenta que Sharon estaba enamorada de Damián desde ya hace tiempo.
–Ok, me parece bien. –Asintió con la cabeza, con una expresión un poco seria y a la vez confundida. –Te recuerdo o más bien, te hago saber que a Sharon le gusta darse su tiempo y en ocasiones casi perderse por completo de los demás. –Dijo Jane en un imperioso tono exclamativo.
– ¡Ah! Será diferente, si vamos tú y yo es para evitar que ella se enclaustre, además estará con su familia, dudo que quiera que la vean así
.
– ¡Vaaale!, me parece bien, siendo así como lo planteas, te agradecería que pasaras por mí en unas tres horas, en lo que me arreglo. –Contestó Jane con una sonrisa de aceptación.
Soplaba una ventisca muy apacible acompañada de un día especialmente grisáceo, de vez en cuando se escuchaba una armoniosa sonata producida por las rachas que azotaban los árboles del parque por el cual transitaba Jane de regreso a su casa.
–Estoy segura que con este clima Sharon y yo estaríamos degustando un café. –Pensó Jane. Aunque por su cabeza pasaban pensamientos que le preocupaban más que inquirir qué estarían haciendo o no Sharon y Ella. Se sentía entre la espada y la pared, por un lado tenía a su amiga del alma, Sharon, misma a la que iba a ver en compañía de Roberto, amigo de Damián, en la contraparte se encontraba el mismísimo Damián que cuando éste se enterase que Jane marchó rumbo a donde estaba Sharon y en compañía de su querido amigo Roberto, ardería en rabia y quizá pondría en tela de juicio su amistad.
Jane realmente se hallaba abrumada. Se dejó caer en una de las bancas del parque con expresión nada efusiva. – ¿Qué sucede cariño? –Se escuchó detrás de ella una voz muy suave, dulce, en cierta forma cautivadora y apacible. Al voltear Jane se topó con una persona un poco mayor de edad, más específicamente; una dama que pese a tener sus años se mostraba fuerte y vigorosa, vestía muy bien,  mostrando una combinación entre la mujer de buen gusto y la elegancia, su tez era blanca y, en su rostro denotaban un par de grandes y bellos ojos color café que por si fuera poco eran semi circundados por unas largas pestañas, dejando a un lado dichas características, poseía una apariencia muy peculiar, aparentaba tener experiencia y sabiduría.
Se sentó al lado de Jane, la cual como si la conociera de toda la vida le platicó los motivos de su aflicción, desde la situación sentimental de Damián y Sharon, así como los deslices amorosos de ésta, las actitudes y aptitudes de cada uno, el tiempo que llevaban de conocerse, del mismo modo le hizo saber la razón de su encrucijada.
La simpática y bella dama sonrió. –Bueno, según me has contado Damián es buen tipo, amable, calmado y centrado, pero… cuando ve a Sharon rolándose con alguien más es allí donde pierde los estribos ¿Cierto?
– ¡Exacto! Así es. –Respondió Jane energéticamente.
–Bueno querida, déjame decirte que quizá la razón es que Damián ama a Sharon, a su modo pero le ama, cuando un hombre ama a una mujer puede llegar a perder la cabeza, su orgullo se hace nulo e inclusive llega al punto de importarle nada el hecho de hacer el ridículo ante la impotencia de ver que su amada pone atención a otro hombre que no sea él. AHORA… cuando me referí a que le ama a su modo quería hacer referencia a que tal vez el modo en que lo hace no es el correcto, él tiene que entender que debe de darle su espacio, su tiempo que respete su mente demostrándole que sus pensamientos y sentimientos son importantes para él,  de nada sirve que un hombre alardee amar a una mujer cuando no lo demuestra en mil y una maneras tangibles.
Jane escuchaba atentamente las palabras. –Tiene usted razón, mi interrogante es ¿Qué debo hacer? O ¿Cómo debo de actuar para…? –Jane se vio interrumpida antes de terminar su interrogante.
–Primero procura hablar con cautela, anda, cuéntale a Damián, pero ruégalo y hazle entender que debe de ser prudente, porque de seguir actuando como un estúpido sólo conseguirá alejar a Sharon, por otra parte dices que Sharon ama a Damián.
–Está usted en lo correcto. –Respondió Jane.
–Siendo así creo que no le molestará que el hombre que ama la visite, sobre todo si se le presenta en el mejor de los planes, no con el fin de confundirla, por el contrario, que le demuestre con pruebas fehacientes que tiene la finalidad de acercarla, hacerla sentir bien y lo primordial, hacerle saber que ella es importante para él.
Después de esto Jane se incorporó más aliviada y tranquila. Realmente le eran de ayuda las palabras de aquella mujercita.
–Mil gracias mi estimada señora, disculpe usted, pero con todo este asunto olvidé presentarme y preguntarle su nombre, mi nombre es Jane, ¿Sería tan amable de usted el suyo? –Expresó Jane con singular cortesía y un poco apenada.
– ¡Oh, vaya! Creí que nunca lo ibas a preguntar. –Contestó en tono juguetón. –Mi nombre es Lizeth, Lizeth Isbell, y desde luego, un gusto ayudarte.
–Lindo nombre, Isbell me parece haberlo oído antes, parece que un día Sharon me comentó de un tal Jeffrey Isbell, bueno, como sea, le reitero mi agradecimiento, ahora le ruego me dispense, he de retirarme ya que el tiempo apremia.
–No te disculpes Jane, ve a lo que tengas que hacer. –Respondió Lizeth. Más tardó en responder que Jane en desaparecer.

Sí que había sido de ayuda la plática con aquella dama, ahora con firme paso veloz se dirigía hacia el departamento de Damián, seguía la parte difícil, hablar con él, lo que implicaba hacerlo entrar en razón lo cual le aparentaba complicado ya que en este tipo de situaciones Damián había demostrado ser un bruto.


[Los créditos de este cap. son para moisés Abraham]
Un excelente amigo mio :3 ¡Gracias! <3

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